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Dibujos y fórmulas

March 26, 2006

Estando en tercero de primaria y “aprendiendo” la matemática relacionada a fracciones, sentía incomodidad y acaso frustración, al sentirme diferente al ver cómo mis compañeras de curso resolvían las evaluaciones utilizando las operaciones matemáticas que “aprendieron”, mientras que yo optaba por resolver los problemas utilizando representaciones diferentes como dibujos, muy característicos de mi subjetividad. Curiosamente casi siempre obtenía la respuesta correcta utilizando este método… Pero la profesora Janeth, siempre solía ponerme I (Insuficiente, el más bajo peldaño en la calificación del proceso de aprendizaje por esos años en la básica primaria, ahora traducido a un no logró mas I), por no seguir el procedimiento “correcto”, acrecentando mi frustración y cimentando lo que más tarde construiría como un rechazo de mi parte a las áreas de conocimiento que prefieren la deducción, la matemática y sus modelos, como el camino hacia el conocimiento cualquiera que sea el que éstas encuentren o quieran encontrar.

Creo que en mi caso el vestigio más profundo para la elección de las ciencias sociales como mi color preferido en el espectro del arco iris del conocimiento, más profundo aún que el del descubrimiento de la fascinación (creo yo innata) por el ser humano, y el de la activación de la preocupación por los problemas sociales en una edad más avanzada, fue el rechazar la matemática como lenguaje partiendo de la frustración que narré en líneas anteriores, es decir el preferir la opción epistemológica de contextualizar lo que quería conocer en vez de cuantificarl; el preferir una metodología cualitativa y no cuantitativa para conocer el mundo.

Ese camino me funciona bien, me siento a gusto con las explicaciones que logro dar de lo que sucede en mi realidad. Todo marcha perfecto hasta que alguien anota la poca fiabilidad en algunas partes de mi construcción, por x o y motivo, y con unos argumentos que me recuerdan los de mi profesora Janeth al descalificarme: no es el procedimiento correcto. Por ejemplo al realizar un ejercicio de razonamiento abstracto, percibo las regularidades del “juego” (por que para mí esos ejercicios son eso un juego que se me antoja divertido) y adivino (haciéndole caso un poco a la intuición también) el momento del juego que me piden averiguar. Al contrastar con otras personas que hallan hecho el mismo ejercicio escucho comentarios como: “¿contextualizar, adivinar? Cómo así, ¿luego no utilizaste la fórmula 2x – 1? Era obvio!!! Sí que tuviste suerte”. Entonces pienso: “la próxima será mejor esforzarme por hallar la ecuación que corresponda al ejercicio y así demostrarles en sus términos que no es suerte lo que establece el que mi ejercicio sea correcto. 

Esta situación sobre la epistemología de mi conocimiento se reproduce a mayor escala al interior del cuerpo del conocimiento, más particular y de nuestro interés (creo yo querido lector), al interior del conocimiento sobre las relaciones entre las personas, ya sea entre ellas o entre grupos formados por ellas, o entre la sociedad formada por estos grupos y las instituciones que han creado para regular sus relaciones, y así pasando por distintos niveles de organización que el ser humano ha establecido a lo largo de su existencia en el planeta tierra, es decir al interior del conocimiento generado desde las ciencias sociales. 

La verdad esa pretensión de la metodología correcta me da pereza y me recuerda mis primeros años de aprendizaje… Además, los métodos cuantitativos y cualitativos no necesariamente riñen teniendo el presupuesto de que lo que interesa en realidad es el llegar a un conocimiento elaborado que transforme la realidad, mas no si se hace inductiva o deductivamente (seguro mi profesora Janeth de tercero de primaria no lo veía así…).

Parece que todos los investigadores están dispuestos aceptar la idea de que las metodologías cuantitativas y cualitativas se complementan, pero pocos están dispuestos a practicar tal complementariedad por lo que he podido notar. Creo que nada impide que se pueda plantear un problema y resolverlo cuantitativa y cualitativamente y entonces comparar los resultados, ver los alcances y los límites de cada metodología y, lo más importante, reconocer la complementariedad entre ambos. En ese sentido, realizado el análisis desde mi experiencia personal, parece que el acercamiento se está dando más desde las metodologías cualitativas que han descubierto la utilidad de complementar sus datos y sus explicaciones con metodologías cuantitativas.