Música barata en las emisoras
El celular para las llamadas de mi madre
Mis tías y sus llamadas matutinas
El libro de Foucault
El amigo en el msn
La música como antes, como siempre
Julito baboso en la W
Mi perro en el sofá
La película de Almodóvar
El "Nos vemos en la universidad"
La lectura en internet
El desayuno que pretendo saludable
El parcial del lunes
Mis palabras que quieren ser leídas
La nostalgia por la belleza del mundo
Las sonrisas por cosas y no por personas
Los sueños que desvanecen la realidad
Los planes para arreglar mi alma
Un amigo dice que hay personas que llegan a nuestras vidas como huracanes, y, que como huracanes se ven bonitos desde afuera y mientras duran, como si se estuviera observando desde alguna estación espacial. Dice que son como huracanes, que cuando se van, se puede ver en qué estado dejaron todo. Imagino que usted, curioso lector, ha visto gracias al vivir en un mundo disque globalizado, como quedó todo en Nueva Orleans, o mejor aún cómo quedó todo después del tsunami del 26 de diciembre del año pasado en el sudeste asiático: hágase a una idea de cómo dejan todo estas personas-huracán, o personas-desastrenatural.
Anoche llegué a mi casa después de calcular y registrar los daños que dejó la primera persona-huracán en mi vida (tengo el presentimiento de que vendrán más). Noté que las cosas empezaron a regresar a la normalidad: desde la música barata en las emisoras, hasta los planes para arreglar mi alma. De nuevo la soledad que no es una ilusión.
De nuevo sólo estoy yo; Juanes en todas las emisoras; mi madre desesperada en el celular por mi seguridad; alguna de mis tías preguntando por el divorcio de mis padres, las ganas de leer a Foucault; Fanny Mickey promocionando "monólogos de la vagina… Invita caracol"; los nombres de personas conocidas en el msn; la música que no llena -que no importa-; Julito diciendo babosadas en la W y haciendo chistes que sólo hacen reir a las mujercitas de su mesa de trabajo -esa española me cae tan mal!!-, mi perro en el sofá; eterno esclavo de Morfeo (será que mi perro es lo suficientemente lindo como para que Morfeo lo tenga de mascota todo el día?); la película de Almodóvar que nunca alcanzo a ver completa -esta vez fue "Hable con ella", ¿cuál será la próxima?, ¿alguna vez veré completa una película de ese español?-; mis amigos que saben de mi impuntualidad y preguntan una y otra vez en el celular si en realidad voy a llegar a la una a la universidad; el paseo por internet mirando las babosadas de Uribe, enterándome de que el Ciudadano Típico cumplió años ayer, descargando fotos de las obras de Monet y Miró; la pretensión de por fín desayunar algo que no tapone las vías de mi sistema circulatorio; La preocupación de leer sobre las formas de gobierno en latinoamérica para el parcial del lunes de sistemas políticos; escribiendo para no sentirme tan sola; la nostalgia por la belleza de los árboles frente a mi ventana, nostalgia porque esa belleza nunca será mía, nostalgia porque sólo comparto con esos árboles el viento que mueve sus hojas, que mueve mi cabello; las sonrisas por los detalles del mundo que parecen escondidos para que yo los descubra, como la flor que nació en la planta favorita de mi abuela y no la había notado; el sueño de encontrarme a Carlos Pérez y aceptar después de un año esa cerveza que me negué, aceptar esa invitación que me negué -estoy segura de que si lo vuelvo a ver, él volverá a ofrecer esa cerveza y esa ida al odiado Tropical Cocktails, él es así-; el sueño de una noche agradable para Daniel en la celebración de su cumpleaños; y, finalmente, los planes para arreglar mi alma: que si las caminatas interminables desde el centro hasta el parque del Chicó, que si la terapia psiquiátrica, que si mucho tiempo con los amigos, que si mucho tiempo conmigo misma, que si muchas líneas en mis hojitas carta, que si de nuevo el dibujo, que si un post larguísimo, que si la peluquería, que si el gimnasio, que si la nueva ropa, que si poco internet, que si el partido del DILTV… No sé pero al menos sé que mi alma está dañada y debo arreglarla.
Todo regresa a la normalidad con el paso del tiempo después de una catástrofe natural: los paisas siguieron después del terremoto, la gente sigue tanto como en Nueva Orléans, como en el sudeste asiático. Yo sigo, ahora procurando hacerme a una buena alarma de personas-catástrofe, para estar preparada la próxima vez y guardar lo que no quiero que el próximo fenómeno natural (y normal) destroce a su paso por mi vida.

